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Problemas de aprendizaje

Introducción

Los tics son movimientos o producciones fónicas repentinos, de corta duración, repetitivos, no rítmicos y estereotipados. Son involuntarios aunque la persona que los padece tiene cierto grado de control sobre ellos, pudiendo suprimirlo durante un periodo de tiempo (aunque cuando se suprimen un tiempo, es más probable que después se incrementen temporalmente).

Además de cumplir determinados criterios para considerarse un trastorno, los tics también deben interferir en la vida de la persona, causando malestar o deterioro en su vida; por tanto, no en todos los casos de tics es necesario acudir a un especialista.

La frecuencia e intensidad de los tics varía entre personas y, en una misma persona, a lo largo del día y de los días. Además, suelen cambiar con el tiempo. Generalmente aumentan con la ansiedad y el estrés (ya sea por algo agradable o desagradable), la fatiga, el aburrimiento… y con personas cercanas o cuando se está solo (ya que hay menor inhibición). Por el contrario, disminuyen o desaparecen durante el sueño, estados relajados, con extraños, durante la concentración en tareas agradables, etc.

Los tics se clasifican en:


  • Tics motores simples: movimientos repentinos y breves que implican pocos (a veces uno) grupos musculares, como parpadear o guiñar el ojo, encoger los hombros…
  • Tics fónicos simples: sonidos o ruidos rápidos y sin sentido, como aclararse la garganta, gruñir, sorber por la nariz, toser, etc.
  • Tics motores complejos: movimientos repentinos de mayor duración que implican varios grupos musculares, como tocarse o golpearse a sí mismo, saltar, ecopraxia (imitar gestos o movimientos de otros), etc.
  • Tics fónicos complejos: palabras o expresiones involuntarias y fuera de contexto, como ecolalia (repetición del último sonido, palabra o frase dicha por otro), palilalia (repetición de las propias palabras), coprolalia (empleo de palabras o frases socialmente inaceptables), etc.

Actualmente se está considerando la existencia de otros tics:


  • Tics sensoriales: sensaciones involuntarias y recurrentes en articulaciones, huesos, músculos, etc. como pesadez/ligereza, frío/calor, hormigueo, etc.
  • Tics cognitivos: fenómenos mentales repetitivos; incluye juegos mentales, conducta de contar, pensamientos repetitivos, etc.

Para considerarse un trastorno de tics, estos no deben producirse como consecuencia de intoxicación por sustancias psicoactivas o durante una enfermedad o condición médica que los cause.

En la evaluación, se debe distinguir entre tics y otros movimientos o conductas, como los espasmos, estereotipias, manierismos, mioclonías, etc.

Estos trastornos se inician en la infancia, por término medio a los 7 años. Pueden mantenerse en la edad adulta, aunque generalmente disminuyen a partir de la adolescencia y adultez y a veces remiten durante periodos variables (generalmente no desaparecen para siempre).

Se desconocen las causas de estos trastornos, aunque se sabe que hay un importante componente genético que predispone o genera vulnerabilidad para padecerlo; también influyen los factores ambientales.

La frecuencia de niños con estas afectaciones depende del trastorno en particular. Afecta más a los niños que a las niñas (sobre todo el trastorno de la Tourette).

Los trastornos de tics, sobre todo cuando son cuadros graves, se asocia con otros trastornos; entre ellos, los más comunes son problemas atencionales e impulsividad, síntomas obsesivos-compulsivos (generalmente difieren de los del trastorno obsesivo-compulsivo), dificultades de aprendizaje y problemas emocionales.

El tratamiento de los trastornos por tics se debe abordar de manera multidisciplinar, trabajando conjuntamente con profesionales de la medicina. Hay medicación paliativa, es decir, reduce la sintomatología mientras se está tomando. El problema de estos psicofármacos es que pueden tener efectos secundarios que en algunos casos son graves. Por ello, la medicación sólo se recomienda en los casos en los que los tics interfieren notablemente en el funcionamiento cotidiano del niño. El tratamiento psicológico (conductual) que ha demostrado una mayor eficacia es la inversión del hábito, que conlleva una serie de componentes para reducir los tics de manera duradera. Otra estrategia es la práctica negativa contingente. A estas estrategias se pueden añadir otras complementarias para el manejo de la ansiedad.

1. Trastorno de tics transitorios

Este trastorno implica tics motores y/o fónicos simples o complejos que aparecen durante más de cuatro semanas pero menos de un año, si bien puede aparecer y desaparecer de manera intermitente a lo largo de varios años.

La frecuencia de este trastorno se sitúa en torno al 4-8%. Generalmente se trata del más leve de estos trastornos, pues los síntomas suelen ser leves, no interferir en la vida del niño (aunque en ocasiones, y dependiendo tanto del tic como de su ambiente social, puede ser una fuente importante de malestar).

2. Trastorno de tics motores o vocales crónicos

En este trastorno hay uno o más tics motores o fónicos, pero no ambos, durante un periodo de más de un año (en ocasiones remite, pero no hay un periodo libre de tics superior a tres meses consecutivos).

La frecuencia de este trastorno es aproximadamente del 5%.

3. Trastorno de la Tourette

El trastorno o síndrome de Tourette generalmente se considera un trastorno muy grave e incapacitante, aunque depende de los tics con los que curse cada caso. Por lo tanto, pueden ser casos leves con apenas interferencia en su vida hasta casos muy graves en los que es incapacitante.

A lo largo de la enfermedad, ha habido tics motores múltiples y uno o más fónicos (aunque no tienen porque ocurrir en el mismo periodo). Esto ocurre durante más de un año, aunque pueden aparecer periodos sin tics (no superiores a tres meses consecutivos).

El síndrome de Tourette generalmente comienza a los 5-7 años. Suele comenzar con tics motores simples y posteriormente aparecen los complejos; los fónicos suelen aparecer años después (generalmente en torno a los 11). La edad de mayor gravedad de los tics suele ser a los 10-12 años y no suele desaparecer pero los síntomas suelen disminuir.

No hay acuerdo sobre la prevalencia de este trastorno, aunque parece que afecta al 0,04-1%.

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